A veces somos como Felipe, el amigo de mi querida Mafalda, cuando nos imaginamos grandes proyectos, tenemos ideas  brillantes que nos harían alguien diferente porque no queremos ser “profesionales commodities”.

Pero cuando hay que pasar a la acción, nos “desinflamos”, quedan en nuestra cabeza, en nuestro discurso.

¿Por qué? ¿Qué nos sucede, por qué no podemos plasmarlo en la realidad? Cuando hasta, a veces, contamos con los recursos, simplemente es estirar la mano y manos a la obra…

Decimos que tenemos todo el potencial, las competencias, y habilidades para realizar lo que nos proponemos, pero,  nos quedamos ahí, en la largada.

Seguramente, depende de la personalidad de cada uno, de las características psicológicas y demás, pero sin ser tan especialistas en la materia, podemos reflexionar sobre este tema.

Una cuestión importante y muy arraigada en nosotros es el miedo al ridículo, al como nos ven los demás, en consecuencia, dejamos que los demás decidan sobre lo que podemos o no podemos intentar, pero me parece que hay otra actitud más limitante todavía, que es el miedo a EQUIVOCARNOS.

Estamos acostumbrados a que si nos equivocamos tenemos una nota baja y por supuesto no es lo deseable, error / castigo, acierto / premio. Muchas veces en nombre de la meritocracia, somos exitistas, tenemos que tener la definición adecuada al instante, tenemos que conocer, saber y poder demostrarlo.

Queremos creatividad, pero sin error. Cuando actuamos con tanto cuidado, con tanto temor, siempre midiendo para no salirnos de lo normal, no podemos pensar nada diferente por temor a equivocarnos. Si estamos en un ambiente en el que se castiga al que intenta algo nuevo y no lo logra, en vez de castigar por no intentarlo, nadie va  a querer romper el status quo.

Andrés Pérez Ortega,  de Marca Propia,  habla sobre este tema y otros aspectos que contribuyen a crear una marca personal.

 

YouTube Preview Image

 

Si queremos dejar de obrar por costumbre y estar predispuestos al cambio, hay que propiciar un ambiente adecuado, de tal manera, que las personas aporten su creatividad, se animen a probar. Por supuesto, que no se trata de tirarse a la pileta cuando no hay agua, ni de arriesgar para ver como nos va, todo tiene un costo, pero no innovar puede resultar más costoso o incluso puede significar la desaparición como empresa. Se trata de reunir información, analizar y formular un plan.