Cuando se produce el ingreso de un nuevo empleado a la organización o un joven ingresa al primer empleo, los antiguos empleados, quienes son portadores de la cultura de la empresa, además de darle la bienvenida van transmitiendo esos valores al nuevo compañero de trabajo.

Generalmente son ideas, creencias, costumbres que son transferidas de los “viejos” hacia los “nuevos” empleados y entre ellas se encuentra el famoso derecho de piso.

Esta creencia hace que el “nuevo” cumpla ciertos actos de comunión, como pagar el desayuno de los compañeros, invitar a un asado, pero en algunos casos esta costumbre se manifiesta en que tiene que llevar a cabo ciertas tareas de más, porque necesita foguearse, o es quien debe cubrir un imprevisto, ante lo cual no debe protestar porque sino es visto como poco predispuesto al trabajo, al compañerismo, etc.

Estas actitudes a veces generan roces y resentimientos entre los compañeros de trabajo y las mismas luego son trasladadas a los que ingresan por primera vez a la empresa.

Por ello es importante que el responsable de la gestión de personas o el jefe, esté atento a estas situaciones que se pueden producir en estas circunstancias puesto que pueden transformarse en una posible fuente de conflictos o de malas relaciones en el ambiente de trabajo, que según la personalidad de cada uno puede llegar a ser más o menos importante, y que consecuentemente pueden terminar afectando la productividad de cada trabajador.

Es por ello que el proceso de inducción en el trabajo es muy importante y no debe saltearse, ni tomarse a la ligera, en el proceso de incorporación de un empleado en la organización, puesto que sirve para proporcionar información básica sobre sus tareas y funciones, su horario de trabajo, etc., reduciendo la incertidumbre, especificando sus derechos y obligaciones como persona y trabajador.

Un ambiente de trabajo donde exista equidad en el trato y las personas se sientan respetadas y valoradas propiciará un mejor clima laboral y satisfacción personal.