Cuando en algún momento del día sentimos que nos transformamos en un pulpo, que nos falta tiempo, y parece que uno solo es el que trabaja. 

Cuando dejamos el lugar de trabajo y el celular no deja de sonar. 

Frecuentemente no es culpa de los otros, sino de nosotros mismos que no sabemos delegar las tareas y asignar responsabilidades.

Los motivos pueden ser muchos, desde la falta de confianza en nuestros empleados, en nuestro equipo de trabajo, pensar que solamente nosotros podemos hacer bien las tareas, porque no sabemos transmitir claramente los procedimientos, la forma en que se debe realizar el trabajo y los resultados que se esperan, hasta el recelo de no transferir conocimientos por temor a que puedan competir con nosotros. 

Lo cierto es que no queremos sentirnos tan agobiados por las tareas que realizamos diariamente. Por lo cual me pareció útil analizar algunas de las ventajas de delegar tareas, autoridad y asignar responsabilidades, porque como nos decía un profesor, cuando se delega tarea también se delega una cuota de autoridad y se asigna responsabilidad, igualmente aún se sigue siendo responsable por el cumplimiento de la tarea delegada

En un artículo publicado en navactiva se hace mención a las ventajas de delegar tareas y en que consiste efectivamente.  

Las ventajas de la delegación son en ocasiones rechazadas tanto por los directivos como por sus colaboradores. Los primeros argumentan, por ejemplo, que delegar es sinónimo de abdicar y supone una pérdida de control. Una objeción de los colaboradores es que sólo se delegan las tareas ingratas.

Delegar consiste en dar participación a una persona en tareas de responsabilidad. No es, por tanto, deshacerse de un trabajo ingrato, ni adjudicar tareas cuando el tiempo apremia. Tampoco significa eludir obligaciones, ya que lo que se delega es la autoridad para realizar una tarea, y quien delega mantiene la responsabilidad final de su cumplimiento.

La delegación permite una organización flexible, y aporta ventajas que repercuten en el buen funcionamiento de la organización y en sus resultados.

Para que la delegación sea eficaz hay que intentar evitar situaciones de emergencia. En primer lugar es necesario saber cuándo hay que delegar (puede tratarse de una delegación permanente o temporal) e identificar y priorizar qué tareas van a ser delegadas. Posteriormente, se ha de seleccionar a la persona en quién se va a delegar (en función de su capacidad, conocimientos y aptitudes).

Involucrar a los colaboradores en el diseño de las estrategias de actuación es esencial para que el proceso de delegación funcione. Hay que comunicar claramente cuál es la tarea delegada (la situación actual, el objetivo que se persigue y los resultados esperados) y realizar un seguimiento de su ejecución y resultados.

Para los directivos, delegar no sólo reduce la presión del trabajo más inmediato y los llamados cuellos de botella que en ocasiones se originan, sin que les permite centrar su actividad en aquellas tareas que les son propias y que sólo ellos pueden realizar. En este sentido, hay que tener en cuenta que existen ciertas actividades que, por su importancia o repercusión, requieren la gestión y seguimiento únicamente de la persona responsable, y no se pueden delegar.

Además, la persona que delega reconoce las competencias de otras personas (no es la única capaz de realizar ese trabajo) y demuestra confianza en sus colaboradores

La persona en quien se delega también obtiene ventajas. En primer lugar, se le reconoce su capacidad para llevar a cabo esa tarea, por lo que tiene la posibilidad de crecer y aprender e incrementa sus posibilidades de desarrollo y promoción profesional. Además, incrementa su participación, iniciativa y autonomía en el trabajo y estimula su confianza, satisfacción y motivación.”

Delegar puede retribuirnos muchas satisfacciones personales si sabemos como tomar las decisiones acertadas.